Resumen del Mundial 2014

25/07/2015.- Ya se que llega un poco tarde, pero esta estupidez que se me ocurrió el verano pasado me volvió a la cabeza con motivo de ciertas tonterías que suelen hacer algunos jugadores brasileños que juegan en España. Con más bien poco cerebro, añado.

En el pasado Mundial de Brasil se pudo comprobar que la humanidad se divide en dos grupos bien diferenciado. No, no tiene que ver con las razas ni con los continentes ni con la religión ni con la forma de Estado. A ver, por un lado están los países que bailan para celebrar los goles y por otro los que no.

Lista de países que bailan:
– norte de Sudamérica (Brasil, Colombia)
– centroamérica (Costa Rica, Honduras)
– África negra (Camerún, Costa de Marfil, NIgeria, Ghana)

Lista de países que no bailan:
– norteamérica (México, EEUU)
– cono sur (Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay)
– oceanía (Australia)
– países asiáticos y árabes (lo tienen prohibido)
– Europa entera, da igual centroeuropa, países eslavos, islas británicas que mediterráneo

La lista de países que bailan es monolítica: todos bailan, siempre bailan. Bailes individuales y también en grupo. En cambio, en la otra lista puede haber excepciones, siempre puede aparecer un tipo deshinibido que en cualquier momento se arranque con un bailecito o, en su defecto, una celebración extravagante o absurda.

En general, vemos que los goles son celebrados con baile cuanto más cerca haya nacido el goleador de las líneas de los trópicos. Según se aleja uno de la zona tropical, los bailes van disminuyendo y los goles se celebran con menor efusividad, llegando al extremo de que un país de centroeuropa puede marcarle 7 goles al anfitrión y celebrarlos con total seriedad: gol, cogemos la pelota y nos vamos corriendo al centro del campo moderadamente sonrientes para marcar otro gol cuanto antes. Capítulo aparte son los países que no bailan por cuestión cultural. A los países eslavos, por ejemplo, se lo impide su carácter. Un ruso podría celebrar un gol con una acrobacia o un brinco, pero dudo mucho que con un baile propiamente dicho. En cambio, en los países asiáticos tiene que ver más con su educación. Un japones o un coreano jamás bailaría por puro autocontrol. Más grave es el asunto musulmán. Los iraníes o argelinos celebran con mucha alegría sus goles, puesto que son de países cálidos, pero si llegaran a bailar podrían ser incluso ejecutados cuando regresaran a sus países.

Antes mencionamos los trópicos, pero llegando al ecuador del planeta se me plantea una duda: ¿los ecuatorianos bailan? Me pareció que los ecuatorianos no bailan mucho, qué cosa más rara.

 

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César Strawberry

24/05/2015.- Hace veinte años, cuando era seguidor de Def Con Dos y me hacían gracia las provocaciones de su cantante, lo de César Strawberry me habría parecido un ataque a su libertad de expresión, un repugnante acto represor promovido por los intolerantes y los fascistas de toda la vida. A día de hoy siento lejanas aquellas tendencias infantiloides y cuando leo las cosas escritas en las redes sociales por Strawberry sencillamente me da asco.

Porque a día de hoy, el que me parece un intolerante, un fascista de los de toda la vida y un repugnante represor es César Strawberry. Ser intolerante es despreciar a otras personas por el mero hecho de pertenecer a un partido político o simplemente por pensar de forma distinta. Si además uno dispone de instrumentos para atacar violentamente a ese adversario, entonces puede ser un represor en potencia. Strawberry expresa sus simpatías hacia lo que hicieron en su momento los terroristas del Grapo o la Eta y a continuación menciona a personas que en su opinión merecerían seguir recibiendo las atenciones de esos grupos, con la desenvoltura añadida de escribir sus nombres y apellidos. Como antiguamente, unos pintan la estrella de seis puntas en la puerta de tu casa y luego otros van a por ti, unos pintan tu nombre dentro de una diana y otros te pegan el tiro en la nuca.

Ya sé que no se puede poner en la misma categoría al terrorista que al grafitero simpatizante, pero para eso está el Código Penal. Ahí se tipifican los delitos y el precio que hay que pagar por cada uno de ellos. Se puede ser terrorista, cooperador necesario, colaborador con banda armada o un simple apologeta del terrorismo. Si Strawberry cometió este último delito, que asuma las consecuencias y cumpla lo que le impongan sin lloriqueos.

Dice Strawberry en su argumentario posterior a su detención que él se dedica a ejercer la crítica sociopolítica, que siempre ha utilizado un tono satírico o bufonesco y que él estaba convencido de que el pensamiento nunca delinque. Así que hay que entender que lo de desear que Ortega Lara tendría que volver a ser secuestrado o que Franco, Arias Navarro, Fraga y Blas Piñar merecerían haber muerto asesinados es un simple ejercicio de su derecho a ser un disidente político. La pequeña salvedad es que en España existen organizaciones que se dedicaban a hacer realidad ese tipo de deseos.

Y estas cosas ocurren porque en esta democracia imperfecta que tenemos existe la costumbre arraigada de considerarnos merecedores de todos los derechos individuales y libertades públicas, salvo si uno es derechas, en cuyo caso se debe limitar esos derechos por no se sabe qué facturas pendientes de pago desde tiempos del franquismo. Por eso hemos podido regocijarnos con la declaración de la renta de Esperanza Aguirre y quien sabe si pronto veremos su última mamografía. Lo dicho, un asco.

La pérdida de poder adquisitivo

02/02/2015.- Oí la palabra “pavo” a unas adolescentes en el autobús. Durante el trayecto me puse a hacer cálculos.

El cambio de moneda fue un timo, nos colocaron una moneda que valía igual que 166,386 unidades de la que teníamos. Todos sabíamos que una peseta no era igual a un euro, pero al final la unidad de cambio fue la moneda de 100 pesetas… aceptamos pagar con una moneda de un euro lo mismo que antes conseguíamos con una moneda de 100, así que hubo un montón de pequeñas cosas que se encarecieron un 66%. Sobre todo esas chucherías que se consiguen echando una moneda a una máquina expendedora. Por cierto, que el lenguaje coloquial fue un poco profético a referirse a aquella moneda de 20 pavos como una “libra”, que quedaba muy en plan cosmopolita de barrio pero entonces era más bien una chulería para darle mucho más valor que el que tenía en realidad.

Nos colocaron una unidad de valor de la europa continental sin homologar nuestros sueldos con los suyos… nuestra productividad no lo permitía. Bueno, algunos sí se subieron el sueldo para pegarse una vidorra a lo grande en el fiestón del euro, luego nos empezaron a decir que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades y con la excusa de la crisis empezaron a revisar todos los sueldos a la baja, fundamentalmente los que no habían subido nunca. El poder adquisitivo del trabajador de a pie quedó por los suelos, y eso el que tuviera la suerte de conservar su trabajo.

Ahora nos enfadamos mucho con los políticos que aseguran satisfechos que la crisis ya está superada, pero lo del “pavo” me da una nueva pista aún más desoladora. Antes 5 pavos eran 25 pesetas (5 monedas de duro o una de 5 duros, también llamada “cangri” en algunos ambientes, quizá porque oscurecía con el tiempo hacia un cierto color cangrejo), pero ahora 5 pavos son 166 x 5. Soy muy malo haciendo cuentas, pero así a ojo me sale que cuando las niñas del autobús hablan de “5 pavos” están multiplicando por más de 30 el valor que esa expresión tenía en 1999 cuando aún usábamos las pesetas.

Aquellas 25 pelas se han convertido en 800 y pico en apenas 15 años. Insisto: menudo pedazo de timo que nos metieron.

Ahora ya no soy joven, tampoco sé si lo fui

15/10/2014.- Aún sin pretenderlo, en verano es fácil contemplar a la gente joven ejerciendo su juventud. Nunca le di demasiada importancia. Por mí podían hacer todo lo que les viniera en gana, no era un asunto que fuera conmigo. Este verano noté una sensación nueva: me sentía un poco incómodo al observar alguna que otra manía juvenil. Lo he interpretado como el síntoma definitivo de haber dejado de ser joven, si es que alguna vez lo fui.

En el pasado, cuando mi edad no admitía discusión, vi pasar ante mis narices todo tipo de modas, ya fueran genuina expresión de rabia generacional o cualquier bobada consumista con aparato promocional. Logré ser indiferente a casi todo, pero no por esa falta de entusiasmo que me hacía inmune me tenía que sentir menos joven. Quizá sí fuera un poco soso, no lo niego, pero sin darle demasiada importancia. Quizá albergara un cierto resentimiento en alguno de esos momentos bajos en que se añora el calorcillo de la masa. Uno lamenta verse excluido del confort de la tribu, pero a cambio la autoestima se mantiene a flote gracias al privilegio de ser individuo y al orgullo de tener opinión personal y ser responsable de los propios errores.

Así las cosas pasé mi etapa de esplendor en camiseta y vaquero raído, más al estilo Rosendo de no ir de nada que por seguir ningún revival a lo James Dean. Pelo largo cuando quise y pelo esquilado cuando me apeteció. No sentí la necesidad de ser heavy de peluquería, no vestí chupa de cuero, ni tachuelas, ni vaqueros elásticos. No alargué mis patillas ni me dio por esculpirme un tupé, tampoco fui a Londres a comprarme una parka ni me teñí el pelo de colores ni caí enamorado de la moda juvenil. Si nunca compré camisetas de Iron Maiden en Discoplay ni de Exploited en el Rastro, mucho menos se me pasó por la cabeza marcar mi cuerpo con tatuajes, pendientes o imperdibles.

En cambio ahora veo que cualquier pringaíllo luce un piercing o un tattoo, que ahora prefieren llamarlo así para darse importancia. Lo que ha cambiado para mí este verano que acaba de terminar es que no conseguí ser condescendiente con todo ese tipo de cosas. Me hacían sentir molesto, me invadían pensamientos negativos por sentirme ya incapaz de integrarme en la corriente ni aún queriendo. Comprendí mi imposibilidad crónica para vestir pantalones piratas ni calcetines tobilleros, no podría evitar sentirme ridículo. Y mucho menos iría con el pie desnudo y el talón suelto, con esas chanclas mínimas sujetas con una tira de goma en el hueco del dedo gordo quedando uno expuesto a toda clase de accidentes. Descartados tatuajes y piercing, tampoco me veo con un corte de pelo idiota de esos que hacen formas absurdas con la maquinilla de rapar. Cuánto daño hace el fútbol. Siento espanto al descubrir este tipo de detalles en gente de lo más normal, gente que en otro tiempo jamás se habría apuntado a ninguna extravagancia por sentido de la discrección.

Tampoco comprendo cómo hemos dejado que la telefonía móvil invada nuestras vidas, pero claro, todos esos detalles externos solo lucen en todo su esplendor al ser exhibidos en las redes sociales. Qué manía de vivir la vida privada en público, no puedo con ello. Y si no hay pudor en eso, me parece lo más normal que las chicas vayan tan contentas con su braga vaquera ajustada, camiseta de tirantes ombliguera y debajo un biquini aún más minúsculo. Bien por ellas, no lo critico, imagino que tanta superficie de piel a la vista es lo que obliga a los chicos a ponerse bermudas cada vez más amplias… con su calzoncillito de marca asomando. Menudo atraso, es como volver a la moda baño de principios del siglo XX, arrastrando dos kilos de tela mojada cuando se sale del agua. Aunque, eso sí, la goma bien baja para marcar abdominales oblicuos quien los tenga.

Y tras el horror de las prendas de baño llega el detalle clave: la depilación. Los varones veinteañeros eliminan el vello con más pulcritud que sus compañeras de clase. Los chavales afeitados parecen niños pequeños mientras las piernas de los viejos se mantienen despejadas por motivos otoñales. En medio estamos algunos cuarentones y cincuentones conservando sin complejos ese vello que tanto costó criar. Qué dilema, el que se depile corre el riesgo de que ser asimilado antes con el grupo de los ancianos que con el de los jóvenes.

Pues si ya no somos jóvenes, qué se le va a hacer. Algunos no terminan de aceptarlo. Veo gente de mi edad que se esfuerza en ponerse al día de todo eso. Allá ellos.

Sobre mi equipo, el equipo de mis mayores

01/06/2014.- Hace una semana el Atleti se quedó a un milímetro de proclamarse campeón de Europa. Hace dos semanas el Atleti consiguió el título de Liga, una hazaña que parecía fuera del alcance de los mortales. Hace un año el Atleti ganó la final de la Copa del Rey, también contra todo pronóstico. Lo de hace dos semanas y hace un año se logró con un terrible esfuerzo, hubo que superar nada menos que a nuestro máximo rival, una potencia futbolística formidable que compite con unas armas muy superiores a las nuestras. Hace una semana parecía que por tercera vez les haríamos hincar la rodilla, pero en el último instante lograron levantarse y trituraron nuestro sueño. La derrota ha sido tan dolorosa que ahora parece que lo conseguido hace dos semanas y hace un año no tiene ningún valor.

Hace dos fines de semana la ciudad de Madrid estaba preciosa, salpicada de miles de personas dando colorido a sus calles con sus camisetas del Atleti. Estaban por todas partes, un goteo de rayas rojas y blancas que duró dos días y acabó confluyendo en una enorme concentración el lunes en la plaza de Cánovas del Castillo. Cuando el autocar del equipo por fin alcanzó la estatua de Neptuno, el speaker de turno los fue presentando uno a uno. Él decía: “Raúuuuuuul…”, y nosotros contestábamos. “¡¡¡García!!!”. Insistía: “Christiaaaan…”, y nosotros: “¡¡¡Rodríguez!!!”. Y luego: “Adriáaaan…”, respuesta: “¡¡¡López!!!”.

Entonces me sentí orgulloso de que un grupo de jugadores tan común haya llegado tan alto. No hay cortes de pelo raros ni teñidos absurdos, hay poco espacio para piercing, musculitos depilados ni tonterías en general, si acaso algún tatuaje. Ese admirable tono de normalidad se explica muy bien con apellidos tan reconocibles: los García, Rodríguez, Fernández, Giménez y López… también los Suárez, Torres y Villa… incluso esos apellidos portugueses tan familiares como Mendes, Costa, Ribas y Miranda. Hasta los exóticos Turán y Courtois fueron integrados con montones de banderas turcas y belgas que poblaban el Calderón.

El seleccionador acaba de dar la lista para el Mundial y tres delanteros son nuestros, incluido por supuesto el Niño de Londres. Nuestro rival no puede aportar goles a la selección con sus delanteros multinacionales. En la final de la Champions fuimos bombardeados con artillería francesa, portuguesa, argentina y británica. En cambio nuestro ataque acabó siendo exclusivamente asturiano. Pusieron todo su arrojo y bravura, buscaron con ahínco esa jugada que pudiera hacer daño pero faltó una pizca de suerte para encontrarla.

Ahora, en nuestro punto de mayor abatimiento, algún miembro de la afición rival se toma un respiro en su celebración para contemplarnos con estupor. Exceptuando a los tontos profesionales que nunca faltan a su cita, la mayoría no ha reaccionado esta vez de forma tan hiriente, incluso dejan entrever un desconocido punto de admiración, un mínimo reconocimiento a los vencidos, pero siguen sin ser capaces de entender nada. En su expresión se les nota su eterna duda: ¿pero cómo podéis ser del Atleti? Menuda pregunta, cuando para nosotros lo incomprensible es lo otro.

¿Vio usted Espartaco? Digo la de Kubrik, no la cosa porno que ponen ahora en la tele… Entonces, ¿cómo se quedó usted al final de la película? Ah, yo perfectamente porque iba con los romanos. En cuanto decidieron mandar a las legiones vi que iban a ganar y me hice de ellos. ¿Y qué me dice de la valiente lucha del protagonista? Pues que al final Kirk Douglas acaba clavado en un poste, que se jodan los esclavos… Y cómo este se podían poner mil ejemplos de incontestables demostraciones de poder: qué gran espectáculo esos desfiles nacionalsocialistas de finales de los años 30, que poderío desplegaban esos tanques rusos en las calles de Praga, que magníficos los desfiles de la victoria de todo tiempo y lugar.

Nosotros, los del bando perdedor, estuvimos hace una semana a punto de culminar una tarea de un siglo. Han sido más de 100 años empujando la piedra y ya casi habíamos alcanzado la cima de la montaña, pero los dioses nos castigaron de nuevo y volvieron a hacer rodar la piedra ladera abajo hasta lo más hondo. Pues bueno, si ese es el castigo que nos imponen, habrá que aceptarlo. A la vuelta del verano ahí estaremos otra vez al pie de la montaña empezando a subir la piedra, qué le vamos a hacer.

Vi a un hombre pensativo

18/07/2013.- Por todas partes veo gente que mira una pantallita. Desde muy temprano en el transporte público y luego por la calle, aún a riesgo de chocar contra una farola. Incluso he visto a peatones muy atentos a su pantallita mientras curzan la calle, jugándose la vida. La epidemia también se extiende a los lugares de trabajo: maestros, personal sanitario, agentes del orden, funcionarios, dependientes de comercios, conductores de autobús… mucha gente alterna sus quehaceres con el vistazo rápido que requiere su pantallita a cada minuto. No se asusten, el chófer solo miraba la pantallita mientras esperaba la hora de salida de su bus en la cabecera de línea… aún no le he visto hacerlo con el vehículo en movimiento, quizá no por falta de ganas, quizá ya mismo se estará planteando que una simple miradita fugaz no haría daño a nadie.

El otro día en un parque público me crucé con gente en ese mismo plan. Qué extraño, si allí siempre ha ido uno a pasear y a librarse de los malos pensamientos. A lo lejos vi a un hombre sentado en un banco, los codos apoyados en las rodillas y la cabeza gacha. Di por hecho que miraba su pantallita, pero al acercarme descubrí que lo que sostenía entre sus manos eran sus gafas de sol. Me sentí un poco idiota por haber prejuzgado, era simplemente un hombre pensativo.

Antes había más gente pensativa. Si me impresionó esta vez fue porque hacía mucho tiempo que no veía a nadie así. Yo no sé muy bien qué mira la gente en esas pantallitas. Tiene que ser muy interesante, reconozco que comienzo a sentir curiosidad. Si me he resistido hasta ahora es porque necesito que mi espacio personal no sea invadido. Eso se valoraba hace no tanto tiempo. Ahora a todo el mundo le da igual ceder espacio personal con tal de sentirse acompañado y lo cierto es que de tanto preservar el mío por primera vez noto una cierta sensación de aislamiento. Empiezo a valorar la posibilidad de dar mi brazo a torcer y apuntarme a esas cosas sociales que permiten a la gente conectar y estar al tanto de todo.

No estoy seguro, pero si finalmente me decido ya les contaré.

Hola amigos

08/09/2012.- Mi nombre es Adelardo Marina. De momento este blog me servirá para darme de alta en WordPress y así poder escribir en los diferentes sitios en los que tenga la oportunidad de colaborar.

Más adelante, ya veremos si se me ocurre algo para hacer un blog personal.